No escolarizo a mis hijos
por infinidad de razones, ya no sólo por la calidad educativa,
sino por todo lo que la escuela conlleva de valores, costumbres
y polarización social además de no compartir gran
parte del temario y sentir que es una manipulación de masas
increíble. No la considero sana a nivel físico,
psíquico y, mucho menos espiritual. Considero que lo primero
que tendríamos que hacer es buscar la Unicidad para con
el Todo y, desde ahí, simplemente permitirnos Ser y entregarnos
a los demás. Las escuelas no tienen esa finalidad, ni tan
siquiera las alternativas y transmiten mucha inseguridad personal.
Acabamos mirando a fuera y creyendo más en los demás
que en nuestro propio Maestro Interno.
El Planteamiento surgió, ya antes de estar embarazada,
del padre, por su fuerte anhelo a que no castrasen a los niños.
Él es muy aficionado al ajedrez. Sabía de campeones
mundiales que han triunfado en su vida sin haber ido a la escuela.
Yo creía que era ilegal y que, para colmo, el peso de la
educación recaería sobre mí, asustándome.
Ahora veo que no soy yo quien les educa, sino la vida misma. La
educación viene de dentro hacia afuera, no de fuera hacia
adentro. Decidí dejármelo sentir y, en cuanto los
miedos se disiparon a los pocos días, deje de cuestionármelo.
La escuela me parecía antinatural, una ruptura.
Con ellos no aplico ningún método
de enseñanza. Simplemente intento vivir del modo más
puro posible e irradiarles mi Luz. Desde que nacieron me acompañan
a todos los sitios a los que voy y en todo lo que hago, sea social,
laboral, familiar, espiritual, asociacional, de ocio, etc... Ellos
aprenden de ello lo que quieran aprender cuando lo desean aprender.
Por ejemplo, el 28 de enero vinimos a Creta, Grecia y estaremos
aquí en total cerca de mes y medio. Durante este mes voy
acompañar un parto natural domiciliario, asesorar sobre
lactancia, cuidados del recién nacido, alimentación,
etc..., voy a una Iglesia Ortodoxa a ayudar a pintar frescos de
iconos gigantescos, meditamos mucho, recolectamos aceitunas, hierbas
diversas y leña. Leemos la Biblia, tocamos la guitarra,
vamos a comprar y a la playa, contesto e-mail y cartas, escribo
un libro... y todo lo hago en compañía de ellos.
Si quieren también pueden aprender el idioma, geografía
y arte e historia, así como matemáticas (comprando).
No les llevo de turismo pero viviendo aquí respiran el
arte, la historia, la sociología, la botánica y
la etnología del lugar. Así es como les enseño
algo. Digamos que las enseñanzas no son individuales o
independientes sino que éstas van juntas, en bloque. No
hay clases de idioma, música, arte, matemáticas,
biología, geología, religión, historia, gimnasia...
Sino que todo está integrado, es Uno. ¿Cómo buscar
la unicidad para con el todo si ni nuestra propia vida está
unida? Repito, para mi lo más importante es que se sientan
conectados con el Cosmos, pueden ser ellos mismos y se expresen
en el amor.
No trabajamos con ningún material educativo
más allá del que nos ofrece la vida real del mundo
de los adultos, aunque sí tenemos una enciclopedia, un
buen atlas y muchísima bibliografía, espiritual,
científica y literaria.
Jamás me he puesto a ninguna hora concreta
a enseñarles nada. Intento contestarles a todas sus preguntas
cuando surgen y dedicarles tiempo cuando me lo reclaman, bien
sea para jugar, pasear, escribir, leer, meditar, charlar, bailar,
pintar, hacer música, comer o lo que sea.
Están igual de implicados en mi vida y
en nuestro entorno que yo. Igual de implicados en mi vida afectiva,
social, laboral, intelectual, asociacionista, etc...
Poseemos muchísimas amistades profundas
y sinceras. Ellos se relacionan con ellas al igual que con la
numerosa gente que viene a la finca, de modo independiente, no
por ser mis hijos.
Tampoco evalúo los conocimientos adquiridos
pues, realmente, aunque te parezca borde o una burrada, no me
importan. Lo que me importa es su equilibrio interno y su espiritualidad
y, aún así, es su camino, no el mío. De lo
que realmente he de preocuparme es de ser una persona impecable,
equilibrada y serena, llena de luz, amor y divinidad. Desde ahí,
irradiarles y protegerles pero no sólo a ellos, sino a
todo.
No tengo para nada en cuenta la educación
institucionalizada. Ya te digo, no comparto la temática
de las escuelas ni su concepto de sabiduría. Para mí
el más sabio no es el que más conocimientos intelectuales
tiene, sino el que más recursos internos posee. La sabiduría
no está en la Universidad, sino en el Ser. Nunca he ido
a informarme para mis hijos físicos de cómo funcionan
las escuelas pues no forma parte de mi camino ni búsqueda
ni transmisión.
Sobre la socialización nunca he sentido
inquietud alguna. Leila y Altair son muy sociables y se adaptan
a cualquier situación. A su vez, son muy introspectivos,
independientes y solitarios. Con eso me basta. Por lo que he podido
ver también en otros niños no escolarizados, suele
ser común de todos ellos que saben tratar a gente de todas
las edades, aprender de todos y amar a todos, no sólo a
los de su edad.
Respecto de su futuro considero que aquel que
está seguro de sí mismo y conectado con el todo
es el que realmente se "come el mundo", es feliz, puede trabajar
en cualquier cosa y lo hace en aquello que realmente desea.
Pienso, siento y veo que este tipo de enseñanza
conlleva muchísima seguridad en uno mismo, tanto para los
padres como para los hijos.